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En
una primera etapa, estas edificaciones evocaron recursos característicos
de la tierra, la patria y lo femenino, para luego adecuarse
a la contingencia histórica – política
de Chile, a través de la representación de un
espacio clandestino, templo o monolito. Hoy, nos hablan de
sanación, porque hacen referencia a lo innombrable,
y logran que lo sublime y el vacío se transformen en
el deseo de habitar una morada permanente y benefactora.
“La
obra de José Basso es, paradojalmente, el arrebato
máximo de la emotividad y del abrazo. Pero, es un abrazo
que toca el trasfondo de un recuerdo, de una verdad apenas
aflorada, con una luz particular que, sin proponérselo,
será nuestra luz, nuestra verdad y sobre todo, una
forma de ascetismo”, señala el poeta Raúl
Zurita.
Las
casas aparecen retratadas sin puertas ni ventanas, como un
bloque sólido y compacto. Su trazo impecable y riguroso
también da cuenta de una constante evolución
hacia formas cada vez más simples y abstractas, que
tienen sus antecedentes en la figura geométrica plana.
Para
elaborar sus cuadros, José Esteban Basso utiliza diversos
materiales como el óleo y acrílico, y técnicas,
como el dibujo, la aerografía y el collage.
Profesor
de Pintura en la Universidad de Playa Ancha, de Valparaíso,
posee un extenso curriculum con numerosos reconocimientos,
que van desde el Premio de Pintura en la II Bienal Internacional
de Valparaíso, en 1975, hasta su selección en
el “Worldwide Millenium Painting Competition”,
llevado a cabo en Londres, en 1999.
También, se ha hecho acreedor de varias Becas y participado
en muestras tanto colectivas como individuales, entre las
cuales destacan “Chile Today”, en el Museo Hara
de Tokio, Japón; y la exhibición de algunas
de sus obras en el “Art Miami”, en Estados Unidos.
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